Mayor tasa de reciclaje y una lata más ligera, claves para reducir la huella de carbono

Quizás no lo sabías, pero el envase en lata de aluminio, ese del que habitualmente te sirves tu cerveza, no solo ha mejorado sus prestaciones y su tecnología -como envase, valga la redundancia- en las últimas décadas, sino que, además, la industria que trabaja este metal ha intensificado esfuerzos en los últimos años -efectivos y comunicativos- para reducir la llamada huella de carbono, un concepto que abordamos en este artículo y que se antoja ineludible ante la concienciación ciudadana hacia la (necesaria) sostenibilidad.

En la actual tendencia anti plástico en la que nos encontramos por los daños medioambientales que el uso de este material está causando en nuestro entorno más cercano y en el planeta en general -con especial relevancia en los océanos-, fue precisamente este matiz de sostenibilidad de la lata de aluminio como envase el que nos llamó la atención a la hora de apostar por ella desde Arriaca –la primera cervecera artesana de España- para contener nuestras cervezas artesanales.

Eso y, por supuesto, las ventajas objetivas que en materia de conservación y de logística ofrece la lata para la cerveza artesanal, y sobre las que ya os hemos hablado en varias ocasiones en artículos como este (clica para ir al link)

Pero centrémonos ahora en su sostenibilidad y en esa mencionada huella de carbono.

 

Qué es la huella de carbono

Podemos definir, de una forma simple, la huella de carbono como el efecto que deja en el medio ambiente y en el clima la ejecución de una actividad, como, claro está, es la generación de bienes de consumo.

Atendiendo a términos más técnicos, la huella de carbono sería un indicador medioambiental que mide aspectos como la emisión de gases de efecto invernadero a través de un ciclo de vida completo de esa actividad y de cómo puede afectar al calentamiento global.

Es decir, intenta medir la huella (la mala huella) que deja el hombre en la Tierra para producir una actividad que genere productos y/o servicios que finalmente con consumidos.

 

Cómo reducir la huella de carbono en la lata

 

Y dentro de ello, hay dos elementos destacados para poder actuar sobre la huella de carbono en la lata de aluminio: 

 

1. Incrementar las tasas de reciclado del envase. Actualmente, los envases de metal son los que presentan mayor tasa de reciclado en España, por encima de otros como el plástico o el cartón. Puedes consultar estos datos en la página de Ecoembes, la “organización sin ánimo de lucro que cuida del medio ambiente a través del reciclaje y el ecodiseño de los envases en España” (así se autodefine en su web). 

En España ese porcentaje se situó en 2018 en el 85,4 %, por delante del 75,8 % de los envases de plástico o del 80 % del papel y cartón. 

La tasa de reciclaje de envases de metal de nuestro país es de las más altas de Europa, cuya media está en el 74 % (11 puntos menos). Y aún así, en España existe mucho margen de mejora si se compara con países como Noruega (97 %), Bélgica (98 %) o Alemania (99%), de ahí que todavía se pueda incidir más en esa huella de carbono. 

Así que, reciclemos, por favor, depositando la lata de cerveza en el contenedor amarillo y conseguiremos que cada vez se utilicen menos materiales vírgenes. Porque, recuerda, la gran propiedad del aluminio de la lata es que se puede reciclar una y otra vez de forma infinita

 

2. Reducir el peso de la lata. Es algo que se ha conseguido de manera sustancial en los últimos años: hasta un 35 % menos desde los años 80. Solo hay que coger una lata vacía para comprobar su ligereza. Son matemáticas: menos metal, menos huella de carbono. 

De hecho, en Arriaca podemos presumir de contar con una de las latas más ligeras del mundo: las que se fabrican en la planta de Cabanillas del Campo (Guadalajara) de Ball Corporation, el mayor fabricante mundial de envases de bebida, y que se encuentra a menos de 20 kilómetros de nuestra fábrica de cerveza artesanal. 

La lata de Arriaca sólo pesa, atención, 12 gramos, incluyendo la tapa. Léelo en este artículo publicado en La Vanguardia.

 

Los factores más cercanos: los de fábrica

Los relatados en las líneas anteriores son los grandes factores. Pero además existen otros aplicados en fábrica a la hora de emplear recursos y energía en la fabricación de la lata.

La mencionada planta de Cabanillas del Campo fue inaugurada en 2018 y, por tanto, nació como una de las más modernas de la red mundial de Ball y aplicando medidas de productividad y de ahorro de recursos que ya han ido experimentando en otras fábricas a lo largo del mundo. 

Las acciones se centran en tres aspectos: la reducción del CO2, la energía y el uso del agua. De hecho, la firma americana Ball ha puesto en marcha unos objetivos de cambio climático –science based targets- agresivos, que tratan de evitar el calentamiento de la Tierra. 

Según explican desde la compañía, “Cabanillas consume un 15% menos de energía (tanto en gas como electricidad) y un 20% menos de agua que el promedio de una planta convencional”.

 

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